Crónicas del nuevo mundo (I)

Una sociedad en común

Seguro que has usado al menos un par de Apps para un viaje, o quizá como curiosidad. Tripadvisor, Booking, Just Eat y un montón de servicios similares te ofrecen todo tipo de información. Además, pueden hacerte reservas en hoteles, encargarte comida a domicilio y un sin fin de cosas más.

Deliveroo es un servicio de paquetería basado en ciclistas y Uber un servicio de alquier de vehículos con conductor para trayectos similar al taxi. Y son quizás la cara más conocida de todos estos nuevos servicios. En la prensa las etiquetan como “economía colaborativa” en la enésima demostración de no saber de qué están hablando.

Es importante entender que este tipo de aplicaciones, sean más útiles o no, no producen ni comparten ninguna parte del servicio. Uber permite que si quieres hacer de taxista te puedes apuntar y si necesitas un taxi se lo solicites a ellos. Booking crea bases de datos automatizadas basadas en las webs de cientos de hoteles y te permite hacer búsquedas y reservas. Pero de nuevo, tampoco comparten nada de su proceso productivo: el cliente busca un hotel, recibe una lista y escoge el que quiera. Y si no interesa, pues no interesa. Sin más.

Aunque muchas de estas apps son bastante prácticas, están muy lejos de ser relevantes desde el punto de vista tecnológico y su influencia social. Algunas como Uber o Deliveroo tienden a degradar la mano de obra, pero nada que un poco de sindicalismo y ley no puedan embridar.

Échale un vistazo al anuncio comercial de Red Hat que hay sobre estas líneas. “Curiosidad Conectada” es un buen nombre para resaltar al afán de aprendizaje y mejora que es un sello distintivo de la Humanidad. Es cierto que esta línea de anuncios puedes verla en la perspectiva medioambiental de los anuncios por ejemplo de Iberdrola (si no supiésemos quienes son parecerían una empresa fantástica) o Ecoembes (uno se imagina las risas mientras planifican cómo perpetrar ese anuncio con todo el morro). Pero es interesante ese énfasis en Compartir (share). Y sí, todo el software con el que trabaja Red Hat es software libre licenciado bajo la exigente licencia GPL.

La idea del software libre es fascinante. Tú haces algo y lo licencias como software libre, así que otros pueden usar y modificar ese software y distribuirlo más o menos libremente. Por ejemplo, la licencia GPL exige que toda obra derivada sea publicada a su vez como GPL. Es un sistema colaborativo tan fascinante que socialistas y liberales se lo apropian continuamente. El núcleo de sistema operativo Linux es un ejemplo tan contundente de cómo funciona la colaboración en la red que hoy está presente en prácticamente todas las tecnologías que te puedas imaginar. Y esa estrategia colaborativa también es el corazón de un sinfín de proyectos de todo tipo.

Y compartir fue la norma (bueno, casi)

Allá por los años 80, en las Universidades era común usar (y enseñar en las universidades tecnológicas, por supuesto) Unix. Universidades y empresas habían licenciado sus respectivas versiones de este sistema operativo de forma que en la práctica los estudiantes tenían que hacerse con cuentas de usuario en el sistema con precios bastante elevados para un estudiante. Y aquellos que debían de estudiar Unix, debían de pagar las licencias para poder utilizar su código, incluso si era para estudiarlo. Entonces un profesor, Andrew S. Tanenbaum, decidió crear una versión de Unix reducida para facilitar su estudio y publicarla junto con uno de los libros inmortales de la Informática: Sistemas Operativos modernos, diseño e implementación.

Eso fue una mejora, pero Tanenbaum no permitía que se modificase el código del sistema para no hacerlo más complicado. Para saltarse estas licencias, el entonces estudiante Linus Torvalds decidió crear una versión propia desde cero y con otras líneas de diseño, ya puestos, aunque conservando gran parte de las ideas que hay tras de Minix y Unix. El resultado fue un juguete que acabó llamando Linux. Pero incluso antes de este bautizo, Linus hizo algo hasta entonces completamente raro: publicó una carta en un sistema de listas de correo de la época pidiendo ayuda para el proyecto como hobby.

“Estoy haciendo un sistema operativo (gratuito, sólo un hobby, no será nada grande ni profesional como GNU) para clones AT 386(486). Llevo en ello desde abril y está empezando a estar listo. Me gustaría saber su opinión sobre las cosas que les gustan o disgustan en minix, ya que mi SO tiene algún parecido con él.[…] Actualmente he portado bash(1.08) y gcc(1.40), y parece que las cosas funcionan. Esto implica que tendré algo práctico dentro de unos meses…”

Años después Linux es ampliamente usado en todo tipo de sistemas y apoyado por un montón de grandes empresas.

La extensión en paralelo de la red de telecomunicaciones, haciendo que la mayor parte del mundo esté conectada de una forma u otra acercó lo que algunos, con cierto optimismo, llaman una nueva revolución tecnológica. Hoy miles y miles de desarrolladores, artistas e ingenieros colaboran alrededor del mundo en todo tipo de proyectos de distintos tamaños. Desde software para gestionar información espacial (GIS) hasta manos y brazos ortopédicas, donde la falta de imaginación es casi el único obstáculo.

Porque tenemos que

En esta ocasión estoy hablando de proyectos descritos en el weblog de Red Hat “Open Source Stories”, en el que hablan de distintas iniciativas. Una mano ortopédica libre, cortar una calle para intercambiar arte e ideas, robótica y un montón de cosas más. Una de las historias son en realidad tres historias: Dawn Quinn nos habla de tres mujeres y su relación con el open source en un artículo titulado “Porque tenemos que“, donde nos ilustran acerca de lo que consiguen hacer con “hardware abierto”.

El software está bien. Puedes modelar y resolver un problema con más o menos líneas de código, y puedes publicarlo con una licencia libre para que otros puedan trabajar con él. Pero el software por sí mismo no hace nada. Para leer este artículo necesitas una pantalla y de la misma forma yo necesito algún tipo de teclado para escribirlo (aunque podría dictarlo con un micrófono).

Por eso la parte más interesante de todo lo que está pasando es el hardware abierto. El hardware abierto se refiere a diseñar una máquina y permitir que cualquiera utilice o modifique ese diseño, aportándole nuevas cosas o usos. En E-nable se trata de manos ortopédicas que son diseños abiertos y creadas con impresoras 3D que suelen ser hardware abierto a su vez.

En la práctica, tú puedes desarrollar un dispositivo que haga una tarea determinada, o descargar de internet las especificaciones para hacer un dispositivo de ese tipo. Puedes compartirlo y modificarlo y aprovecharte de las modificaciones de otros. La intersección de conocimientos e ideas permite afrontar retos cada vez más complejos. No importa quién tenga la respuesta, ni siquiera si tiene una respuesta completa: cada cual aporta su parte para contribuir a resolver el problema tratado.

Si algo hay en el mundo, son problemas.

Si algo hay en el mundo, es gente capaz de resolverlos.

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Esclavos de un tiempo mejor

Hoy he leído la enésima discusión por Twitter sobre la calidad y profundidad de la educación de mi generación y la inmediatamente precedente en comparación con la actual. Es una discusión recurrente y paralela a las también eternas discusiones respecto a cómo mejorar el sistema educativo español.

Participar en estas discusiones en hilos de la red social es complicado. Y lo es por una razón muy sencilla: es un tema extenso y complicado y de difícil medición. ¿Cómo medimos aquello que pretendemos comparar? en particular, porque el pasado es difícil de evaluar.

Lo suyo es comenzar por lo que ya sabemos. Por ejemplo, que de forma invariable el resultado educativo del estudiante está relacionado con el entorno sociocultural de dicho estudiante. Y sin embargo, los resultados de estudios como PISA indican que el sistema educativo español es bastante bueno en la relación entre clases.

Lo siguiente que tenemos es la dictadura franquista que duró 40 años. Eso implica que el entorno sociocultural de un estudiante determinado en general son personas que en su momento no recibieron una educación muy allá. Uno siempre se siente tentado a romper una lanza en favor del sistema actual: con el entorno educativo promedio, lo sorprendente es más bien que los resultados no sean malos. No ayuda el perfil de nuestro tejido empresarial, ni el ver a universitarios compitiendo por servir vino barato en nuestros muchos bares.

En conversaciones más serias sobre este tema, es común hacer hincapié en que lo importante es decidir qué esperamos de nuestro sistema educativo y después poner los recursos que se requieran para ello. Sin embargo, en mi opinión, mientras se acepte esta idea de “un sistema mejor anterior” va a ser difícil tener debate alguno.

Porque es falso.

Uno de los factores más relevantes de cualquier sistema, no solo el educativo, es el tiempo que se invierte en él. Seguro que habrás visto herramientas informáticas para hacer el mítico cuadro horario con la distribución semanal de las horas lectivas por materias, y con seguridad hayas hecho más de uno.

Un eje para horas y otro para días, cada intersección se representa con un cuadro correspondiente a la asignatura impartida en ese día a esa hora. Los lunes de 9 a 11 lengua, de 11 a 11:30 recreo, luego mates… Los planes educativos establecidos por cada C.A. establecen por ejemplo totales semanales (por ejemplo, 6 horas semanales de matemáticas, 4 de lengua, 2 de tecnología..) Lo cierto es que los pequeños cambios de hora (destinar 5 o 6 horas semanales a una asignatura, por ejemplo) se distribuirán para otros contenidos diferentes.

Supongamos 6 horas para lengua todas las semanas. En 4 semanas son 24 horas lectivas dedicadas a esa asignatura, lo que en 3 trimestres suma 216 horas. 5 horas suponen 20 y 180. Esta hora es un mes y medio de contenido que en lugar de a esta asignatura se destinará a otra.

Realmente alguien cree que la cantidad de contenidos que se imparten varía tanto según un sistema educativo u otro? Cómo, con cantidades similares de horas lectivas, se supone que antes podían impartir los mismos contenidos en mayor profundidad? Pues sencillamente porque en primer lugar no se impartían los mismos contenidos; en segundo lugar, se impartían de forma “profunda” pero nadie se preocupaba demasiado porque el alumnado realmente aprendiese antes, siendo la lección magistral y el examen extensivo casi la única regla utilizada.

Yo cursé EGB. Recuerdo que en los libros de texto que utilizaba a veces aparecían contenidos que mi hermana había recibido en cursos posteriores. Eso es cierto y es un poco importante. Sin embargo, estos contenidos no lo son todo.

Mientras escribo estas líneas, en un programa de televisión (Liarla Pardo, La 6) están haciendo un experimento con globos para demostrar como la diferencia entre materiales afecta a la velocidad de calentamiento. El metereólogo presenta tres globos con aire, tierra y agua respectivamente, y le entrega a una presentadora el globo con aire y le dice que lo coloque sobre una vela para ver lo rápido que se explote. La presentadora literalmente lo coloca encima de la vela y, como es de esperar, la vela se apaga. Al intentarlo por segunda vez se encuentran que el plástico del globo se ha derretido y que pierde aire, así que pese a todos sus esfuerzos no estalla.

Prueban el de tierra y funciona más o menos según esperan después de añadir un mechero a la vela.

¿En serio? si tú colocas algo encima de la mecha, impedirás que se oxigene y se apagará el fuego. Sin embargo, el calor no tiene por qué desaparecer inmediatamente y dado que el plástico no requiere mucho para fundirse, puede aparecer un pequeño agujero. Así que la velocidad a la que sale el aire es suficiente para evitar una explosión. Ni un comentario a esto.

¿Este es el nivel de profundidad con el que se educaba en mi generación o en la inmediatamente anterior? Desde los televidentes a quienes se pretende ilustrar con estos ejemplos y que supuestamente no conocen esto, hasta quienes los llevan a cabo, que no dan muestras de dominar mucho lo que hacen.

¿Mienten deliberadamente quienes defienden el sistema educativo anterior? Concedamos que en alguna ocasión pueden tener algo de razón. Como hemos visto, destinar más o menos horas similares puede tener mucho impacto respecto a cuánto puedes impartir en clase y con qué nivel de profundidad. Pero como hemos dicho, las horas lectivas totales serán más o menos las mismas, pues es un consenso más o menos habitual. Es, como es de esperar, la autoridad educativa la que establece a qué se da más precedencia y a costa de qué. Es evidente que se podían destinar dos horas semanales de educación física a filosofía, pero es fácil colegir que eso por sí mismo no es buena idea. Al final, la autoridad nos dice sus prioridades en función del tiempo que se le asigna a acada asignatura.

Otra diferencia es que ahora la educación tiende a articularse alrededor de lo local, en lugar de a nivel país. Ejemplos, ejercicios y curiosidades, contenidos de economía, organización social o geografía se pretenden orientar al entorno del alumnado. Con esto se busca que lo que se enseña sea lo más parecido posible a lo que el estudiante ya conoce. Sin embargo, esto es una cuestión meramente relativa. Conocer ríos de Cantabria mejor que los de tu provincia puede ser útil en un concurso, pero realmente no significa nada.

Al final, en cada generación siempre nos creeremos mejores y más listos que la generación que nos sucede.

openSUSE Leap 15: el valor de la expectativa

No es justo escribir una crítica después de instalar un sistema operativo y hacer unas cuantas pruebas. A fin de cuentas, el efecto de nuestro sistema puede variar mucho en función de como responda a nuestro hardware concreto. Es lo que pasa cuando usamos distribuciones comunitarias mantenidas por comunidades de desarrollos voluntarias (hay por ahí distribuciones de GNU/Linux mantenidas por menos de media docena de personas). Así que nuestra percepción del mismo sistema operativo dependerá de la respuesta a nuestros dispositivos, que a fin de cuentas es la función fundamental del sistema operativo.

Hay distribuciones veteranas y hay distribuciones novatas; hay distribuciones generales y otras que se basan en esas distribuciones generales. Hay un sinfín de motivos que empujaron a una o varias personas en su momento a crear una distribución concreta. openSUSE tiene un capítulo entre las veteranas.

Con Leap openSUSE comenzó un camino para una mayor integración con la versión empresarial SUSE. Con openSUSE Leap 15 se da un paso más en esa integración, sincronizando incluso el número de versiones. Los bandazos en el sistema de numeración y en la propia numeración podrían dar un buen tema de conversación friki. Pero la idea es que todo tiene buenos motivos y todo es un buen principio para empezar algo.

La Instalación

El lugar común en una instalación es mencionar los problemas. Bien, la instalación tiene problemas. Hay elementos enteros de YaST que están siendo rehechos, bien porque se hace un nuevo módulo (el particionador), o bien porque cambia el servicio utilizado (el cortafuegos). Así que junto con un puñado de cosas molonas nos encontramos también pequeños errores para casos puntuales.

Tanto que sé que están ahí porque algunos se han incluso documentado y otros he leído informes de bugs. En mi prueba, se instaló con una limpieza sorprendente.

Una parte que ha cambiado lo suficiente como para despistar es el selector de escritorio. Como sabes si has usado openSUSE, se trata de una distribución generalista que si bien instala el escritorio Plasma de KDE por defecto, te permite elegir qué escritorio quieres: GNOME, Xfce, sin escritorio…

Antes había una pantalla que principalmente hacía esta selección (sin escritorio, escritorio gráfico mínimo, Plasma (por defecto), GNOME, Xfce… estas opciones han sido presentadas de diferentes formas pero siempe estaban ahí.
Desktop_selection_15.0
Ahora hay dos opciones para el escritorio (Plasma y GNOME), dos para los servidores (“normal” y con partición root y actualizaciones transaccionales) y una opción “personalizada”. Al pulsar esta opción, en lugar de a un desplegable nos iremos a instalador de software de YaST. Ahí podremos elegir por ejemplo Xfce como si de un patrón de software se tratase.

No hay razón general para tener problemas importantes al instalar. El artwork es a mi juicio bastante decente y en general solo quedarán pendientes las tareas de postinstalación al uso: añadir libdvdcss y el repositorio packman con todo su software no recortado, drivers no libres si es tu necesidad o deseo y las aplicaciones concretas que quieras.

La actualización

(Mal)Acostumbrado a la actualización en versiones previas, tenía demasiada confianza en esta versión. Y falla. Un error tan sencillo de arreglar como inoportuno. Por lo que sea, la actualización corrompe el fichero /etc/resolv.conf, que es el fichero donde se establecen parámetros que incluyen los servidores DNS. Al fallar este fichero, te encuentras con que te puedes conectar a la red pero no puedes resolver ningún nombre de dominio, lo que te impide por ejemplo navegar. Una solución como otra cualquiera es borrar el fichero y reiniciar el servicio de red:

yo@maquina:~> sudo rm /etc/resolv.conf
yo@maquina:~> sudo systemctl restart network

Y todo funcionará perfectamente.

Es un fallo muy pequeño pero de resolución muy molesta, precisamente porque no puedes acudir a la web para solucionarlo, así que la sensación es bastante agria.

Captura del escritorio actual Plasma en Leap 15
Captura del escritorio actual Plasma en Leap 15

Los detalles

Una de las principales carencias de las distribuciones Linux es la falta de adaptación. Toda vez que instales cualquier distribución, verás el resultado esperado por la gente que desarrolla dicha distribución, y openSUSE no podía ser menos. De hecho, la versión comunitaria promueve Plasma mientras que la versión empresarial SUSE promueve GNOME.

El resultado? que un usuario nuevo tendrá que hacer muchas cosas, no solo la postinstalación habitual por causa de los códecs y otro software no libre.

Echad un vistazo a la captura que he incluido de mi sistema actualizado “Captura del escritorio actual Plasma en Leap 15”. Una de las ventanas que presento es dolphin en el aspecto ofrecido con el tema “openSUSE”. Sin embargo, mi dolphin tiene un montón de añadidos1

Otro problema que veo en Leap 15 es que algunas fuentes no se muestran adecuadamente en algunas situaciones, particularmente en la herramienta de configuración del escritorio Plasma. Es otra vez algo más llamativo y molesto que realmente un problema, pero un error importante al fin y al cabo.

Hay algunos añadidos de Plasma que molan mucho o al menos, prometen. Falkon es la nueva encarnación del navegador Qupzilla con el que la gente de plasma parece querer volver a proporcionarnos un navegador, aunque sin los grandes alardes de Konqueror en su tiempo. Funciona bien y le faltan muchísimas cosas, pero si lo instalas debes de pensar que si has probado Qupzilla alguna vez igual su carpeta de configuración te ocasiona algún quebradero de cabeza2

Hay un montón de cosas que siguen sin montarse de forma adecuada. Por ejemplo, la herramienta kdeconnect requiere que abras el puerto del cortafuegos, en lugar de limitarse a pedir permiso para abrirlo.

En resumen…

openSUSE es una distribución un tanto extraña. Técnicamente es una maravilla, pero arrastra pequeños fallos siempre con empeño en ir al límite de la tecnología. Hay un montón de pequeñas cosas que harían que la experiencia del usuario novato fuese mucho más placentera y productiva.

Dicho esto, los entusiastas de esta distribución rara vez nos arredramos por pequeños problemas; con un poco de paciencia suele ser fácil de sacarle partido.

Como dirían en la comunidad, have a lot of fun!!!!

Más información

En tiempos llegamos a tener una buena wiki en castellano. Quizá pueda volver a hacerse, pero me temo que ahora casi todo estará en inglés.

 


Notas:

1. En la sección 13 de este tema general sobre Plasma
A partir del post 8 de este otro tema también sobre Plasma

2. https://elpinguinotolkiano.wordpress.com/2018/06/14/el-navegador-falkon-lo-bueno-lo-malo-y-lo-mas-o-menos/

34 años de retraso

Hace tiempo que creé este sitio para migrar mi antiguo blog desde Blogspot, pero diversas cosas me han mantenido ocupado.

Hasta ahora, que dos tuits me sugieren escribir algo que excede con mucho a un hilo de Twitter.

El primero es este, que suscita la relación distopía-imagen de las tecnologías:

Luego está

que plantea la relación cultura-sociedad.

En mi opinión el hilo común de ambas cuestiones es la pregunta de si un grupo puede imponer a la sociedad un relato a través de productos culturales. Y, naturalmente, en caso afirmativo, a qué responde. Con total probabilidad, apenas lograré esbozar un poco la idea, así que no descartes más publicaciones al respecto.

Mi primera reflexión viene de la música, donde observamos que a medida que pasa el tiempo se va extendiendo la repetición y simplicidad. Siempre he pensado que la idea fundamental es que esta música hace que sus intérpretes jamás tengan mucho poder de negociación precisamente porque son fácilmente reemplazables. Pero basta ver a Kate Perry promocionando al ejército de USA para plantearse que en realidad puede haber mucho más.

Antes de seguir necesito aclarar que en mi forma de ver la realidad es dominante la idea de que todo se compone de muchas pequeñas partes y sus múltiples relaciones. Así, la misma respuesta a una pregunta debe ayudar a contestar a otras preguntas. Michael Flynn en su obra “En el País de los Ciegos” (si no me equivoco) introducía una idea similar para defender la psicohistoria asimoviana: “pobre causa es la que solo tiene un efecto”.

Podemos conseguir más retazos para unir a nuestro tapiz. Por ejemplo, la investigación farmacológica. De alguna forma tenemos dos bandos: uno, en el que los laboratorios privados son una especie de encarnación de Satanás y otro en el que son los grandes salvadores de la Humanidad. Por mi parte, no puedo dejar de preguntarme en qué momento nos pareció buena idea dejar el grueso de la investigación médica en manos de empresas privadas.

Más retazos: uno muy célebre es el encontronazo de Richard Stallman con un driver de impresora privativo. Mola mucho la reflexión de Stallman: “la empresa ya nos había proporcionado la impresora, nosotros no queríamos molestarla con eso. Simplemente queríamos hacer un pequeño cambio”. Por citar otros retazos, tenemos la falsa polémica con los GMO, y buena parte del relato seudoecologista por añadidura. Ciertamente, buena parte de la imagen negativa de los GMO se debe a la propaganda de grandes empresas agrícolas europeas que temen la competitividad de otros productores, europeos o de países subdesarrollados.

Siempre he preferido la obra de Orwell a la de Huxley. Ambas presentan dos distopías que dan bastante miedo, pero la obra de Orwell se centra en el simple uso del lenguaje para someter a una sociedad. El doble-pensar, la nominación por antónimo y la reducción del vocabulario en la idea de que lo que no se puede expresar no existe (inversa a la idea más positivista de que la expresión crea realidades).

Estos y muchos otros pequeños elementos me llevan a la idea de que:

  1. Por supuesto, hay grupos interesados en promocionar su relato. Por definición, estos grupos son conservadores.
  2. Por supuesto, es posible extenderlo mediante la difusión masiva del mensaje a través de productos culturales. En particular si son muchos en la misma línea.

Sin embargo, lo interesante ni siquiera es tanto el por qué eso es así, sino el por qué permitimos que sea así.

Tomemos Facebook. No es la única red social que permite tener seguidores (“amigos”) compartiendo artículos, fotos o cualquier otra cosa. En realidad, igual que Twitter, es una red donde las críticas de sus usuarios hacia su modelo de explotación son habituales. Facebook nos lleva más allá de lo que Black Mirror pueda sugerir. Facebook no explota solo los perfiles de sus usuarios más o menos con su consentimiento: también explota de formas poco claras perfiles de gente que no es usuaria y por tanto nunca ha dado su consentimiento al procesado de sus datos. En ese sentido, influir en unas elecciones para favorecer un candidato idiota es el menor de los males posibles.

Bien, entonces: si un importante bloque de usuarios no quiere usarla, ¿por qué lo hacen?

El primer iPhone fue comercializado hace ya once años. No había nada especial en él -el “one-touch” había sido experimentado antes incluso por Airtel. Salvo, naturalmente, que no tenía un teclado físico. En su lugar, tenía una pantalla completamente táctil. Y tampoco eso era tecnológicamente misterioso, simplemente una cuestión de coste. Reconociendo su calidad de acabado y diseño, ¿por qué se extendió tan rápido su uso?

Muchos años antes, Microsoft se había aprovechado de IBM. Mientras la mayoría de fabricantes eran capaces de saltarse la restricción hardware para producir dispositivos que funcionasen en el equipo, Microsoft simplemente permitió que el sistema funcionase con cualquiera de ellos.

Google. En los tiempos de expansión de la web se popularizaron las páginas “portales”. En una sola página tenías un buscador general pero también un sistema de indexación, publicidad, servicios varios… en función, naturalmente, del portal concreto. Había portales para el vino, de viajes, para prensa… Un día llegó Google y puso un buscador en la red que simplemente tenía un cuadro para escribir el texto a buscar y un par de botones: buscar y “voy a tener suerte” (que te llevaba directamente al primer resultado). Su interfaz tan simple y su independencia de los Grandes de la época hicieron que triunfase de forma espectacular, particularmente en Europa.

Antes del lanzamiento de Windows 7 por parte de Microsoft había debatido en redes respecto a la sencillez de instalación de GNU/Linux. Era curioso, porque la afirmación en el gremio informático, incluso entre usuarios y promotores de GNU/Linux, más habitual era que GNU/Linux era por naturaleza más complicado de instalar. De poco valía poner el proceso de instalación de GNU/Linux a la par que el de Windows XP (y luego de Vista o 7), GNU/Linux tenía la imagen de ser más complicado de instalar… y al diablo con la realidad.

Todo esto describe un mundo en el que la mayoría consideramos solamente el día a día, y por tanto lo que más nos preocupa es la comodidad, a expensas de molestias relativas como la seguridad o la ética. Y de alguna forma valoramos más aquella informació que se adapte a nuestra creencia preexistente, mientras que la que vaya contracorriente la consideramos “más friki”. Recordemos ahora el WiFi: pretendía ser un sistema de comuncación alternativo a la línea convencional contratada a los proveedores habituales. Un ejemplo de las ideas que venían detrás de esta tecnología era la RedLibre. Sin embargo, en poco tiempo estábamos contratando la wifi con nuestros estafadores habituales.

Pues bien, igual que Orwell, poco importa que algunos pocos llevemos años diciendo que entregar nuestra tecnología a empresas privadas es en general mala idea, y que si lo hacen con software que no podemos  auditar, pues peor. Las historias de Black Mirror no van tanto más allá de algunas de las que podemos ver en Dr Who, y en mi opinión son en exceso optimistas.

Y también está el efecto agorero: nos pasamos tanto tiempo señalando los problemas que todos nos toman por frikis. Hasta que hay problemas y estamos en boca de todo el mundo durante unas horas… hasta la siguiente crisis. Sin embargo, los relatos distópicos apenas parecen conseguir mucho más que una banalización, una especie de “podría pasar” pero que, milagrosamente, no va a pasar.

¿Por qué?

Fundamentalmente, porque no creemos que nos afecte a nosotros. Es algo que afectará a nuestros hijos o nietos, no a nosotros, y ya sabes, nosotros ya tenemos bastante con lo nuestro. Porque lo contrario nos obligaría a aprender algo diferente: no como nuestros hijos que ya crecerán en ello. Nos obliga a replantearnos nuestras responsabilidades e incluso nuestra propia naturaleza o la forma que nos relacionamos con los demás. Y eso, claro, es pedirnos mucho. Pero sobre todo, a cambiar un poquito.

No puede ser, lo que es imposible es imposible y además, naturalmente, no puede hacerse.